Logos Proporción Áurea

Logos “divinamente proporcionados”

Desde la antigüedad, el ser humano ha buscado la perfección, lo estético, lo bello. Esta interminable búsqueda lo ha llevado a grandes descubrimientos, como es la Proporción Áurea.

A lo largo de la historia, se ha atribuido su inclusión en el diseño de diversas obras artísticas, pero ¿qué es?

Representado por la letra griega Phi = 1,618034 en honor al escultor griego Fidias, la también llamada “divina proporción”, “número de oro” o “número dorado” fue descubierta en la antigüedad, no como una “unidad” sino como relación o proporción entre dos segmentos de una recta, es decir, una construcción geométrica. Esta proporción se encuentra tanto en algunas figuras geométricas como en la naturaleza: en las nervaduras de las hojas de algunos árboles, en el grosor de las ramas, en el caparazón de un caracol, incluso en el cuerpo humano.

Leonardo de Pisa, también conocido como Fibonacci, fue un famoso matemático italiano, cuyo gran descubrimiento fue la Sucesión de Fibonacci que, posteriormente, dio lugar a la proporción áurea en arte.

La Sucesión de Fibonacci es una serie numérica infinita  (0, 1, 1, 2, 3, 5, 8, 13, 21, 34, 55,…) en la que la suma de dos números consecutivos siempre da como resultado el siguiente número (1+1=2; 13+21=34). La relación que existe entre cada pareja de números consecutivos (es decir, si dividimos cada número entre su anterior) se aproxima al número áureo (1,618034).

Gustav Theodor Fechner, uno de los científicos más importantes del siglo XIX,  demostró que la percepción de la belleza radica en la proporción áurea. Por ende, aquello que matemáticamente más se aproxime a Phi, se percibirá como más bello y perfecto. Esta noción de belleza y perfección es aplicable a estructuras arquitectónicas, pinturas, partituras musicales, fractales y personas, por lo que nos es común encontrar “el número divino” en obras de Leonardo Da Vinci y Miguel Ángel, en las estructuras formales de las sonatas de Wolfgang Amadeus Mozart, en la Quinta Sinfonía de Ludwig van Beethoven, en obras de Franz Schubert…

Hoy día, un sinfín de marcas se apegan a esta premisa en la construcción de sus logotipos para que estos sean estéticamente más agradables.

El diseñador rumano, Florian Popescu, asumió el reto de estudiar decenas de logotipos de marcas como Nike, MasterCard, McDonalds, Pepsi, Apple, Twitter y Adidas, para encontrar su perfección matemática y llegó a la conclusión de que en el diseño, la belleza a menudo se coordina mediante ajustes cuidadosamente planificados y cuanto más hermoso e importante sea el logotipo, menos cosas han sido dejadas al azar durante su realización.

Acá te los dejamos:

https://florianpopescu.com/portfolio/339/

“Entre más bello e importante es el logo, menos pixeles son usados al azar”